Daydreaming 

Al menos una vez al año me sorprendo ofreciendo disculpas y pidiendo perdón por no ser (ni hacer) lo que tú esperas; esto sin ser necesaria la verbalización de tu desapruebo. Qué malo puede ser el miedo y qué alivio deben sentir quienes creen en el destino. Hace ya mucho que la tranquilidad no quiere arroparme; y qué rápido se me olvidó lo suave de su manto, y qué desesperación tener que buscarla y convencerla de que me quiera, de que me acompañe, de que me perdone aquel delito incierto que castiga con su desabrigo. Oh, taquipsiquia. Oh, realidad miserable. ¿Por qué no puedo ser sólo un pétalo chiquitito disfrutando el vaivén del destino? ¿En otra vida, tal vez? Pero en esta no, en esta sólo puedo ser yo: una rosa más bien marchita que no vale la espinada. Yo, lastimando pulpejos a mi paso. Yo, otra vez sobre mi cama sin otra compañía que una luz suave que me dice que no vale la pena intentarlo. Yo, escondiéndome de la incertidumbre. Yo, llorándole al tiempo porque ya son más de cuatro años. Cuatro años son muchos años. Son los años que estudié en la Universidad. Son el doble de años de tu posgrado. Son el entrenamiento intensivo de un atleta olímpico. Son una guerra civil perdida. Son la preparatoria europea. Son dos internamientos. Son el fracaso de muchos psiquiatras y el triunfo de un psicoterapeuta. Son muy pocos besos. Son casi veinte psicofármacos probados sin éxito. Son recurrentes alucinaciones auditivas. Son decenas de conversaciones que nunca nos aburrieron. Son dos pruebas de hCG. Son al menos siete vuelos trasatlánticos. Son una batalla perdida contra el sistema. Son muchas lágrimas. Son las más sinceras risas. Son exorbitantes deseos. Son crueles delirios. Son muchísimo whisky y son un poco de vodka. Son numerosos bostezos. Son un par de libros y un montón de canciones. Son interminables críticas. Son inexplicables y horrorosas ausencias. Son tal vez dos infidelidades y sobradas traiciones a nosotros mismos. Son poquititos microinfartos. Son interminables expectativas. Son tantas contradicciones. Son breves notas de un piano. Son el suicidio de un paciente. Son maravillosos momentos con amistades verdaderas como la que nunca podremos tener. Son tantísimos vergonzosos e innecesarios momentos de inmadurez. Son una especialidad médica completa y una dejada a la mitad. Son tal vez diez historias y, a lo mucho, cuatro poemas. Son definitivos, clarísimos, dolorosos meses de ti sin volver a quererme y de mí sin poder dejar de amarte. Son desmesuradas noches de insomnio. Son mil setecientos cincuenta días y mil setecientas cuarenta y nueve noches con escasos segundos en los que logré no pensarte. Serán calma con tranquilidad ficticia. Serán sueños incompletos. Serán un partir más sin despedidas. Serán tu insoportablemente redundante ausencia. Serán mañanas frías. Serán caricias imaginarias. Serán innumerables estudios a empresas. Serán tardes cálidas orando por tu bienestar. Serán el mundo más puro conmigo amándote en silencio. Serán más sonrisas brindadas por tu recuerdo espontáneo. Serán la inútil esperanza, esa adictiva esperanza de que me busques algún día. De que necesites mis letras y encuentres este anhelo, el profundísimo anhelo, el infinito anhelo de esta mujer con el alma inquieta que no es de nadie, más que tuya.

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