5 minutos

In Catholic school, as vicious as Roman rule,
I got my knuckles bruised by a lady in black,
And I held my tongue as she told me:
“Son, fear is the heart of love.”
So I never went back.

DCfC

He didn’t stop back then, and he’s not about to start doing it now. Empezar a detenerse, porque para contar una historia de amor hasta los verbos se vuelven torpes y contradictorios, aunque uno se abstenga de mencionarle.

Yuriy frota sus ojos intensamente tras colgar el teléfono; odia que se irriten todo el tiempo y que parezca que ha llorado. La verdad, cuando llora, sus ojos son habitados por un rojo distinto, un rojo más brillante y más bonito. Pero es un tono que sólo conocen aquellos que lo conocen a él. ¿Existe realmente quien pueda identificarlo? Él no lo sabe, pero no, no existe. Y no se debe a la falta de atención o de interés, sino al verde que no es como el resto de los verdes, o probablemente a esa ptosis discreta y mentirosa que inspira calma cada vez que sonríe. ¿Quién no quisiera poseerla eternamente [a la calma], teniéndola para siempre al alcance de la mano, o en este caso: de los ojos? No tan secreto como ese rojo, es su plan de viajar en el tiempo. Su padre rió abiertamente y lo miró con ternura cuando se enteró de sus intenciones; su mamá, en cambio, fijó la mirada en el folleto que tenía en las manos, sintiéndose insegura sobre cómo debería sentirse al respecto.

Fue una mañana de sábado cuando lo pensó por primera vez; y fue hoy, justo 7 horas y 16 minutos después de pensarlo por última ocasión, que echó a perder todo su trabajo. Pero la idea permanece intacta: no se puede detener el pasado estando en el futuro. Y hay que aclarar que Yuriy no quiere cambiarlo, Yuriy necesita detenerlo y sabe exactamente en qué momento debe hacerlo; pero anoche le ganó el sueño por lo que duró incluso menos que un segundo y derramó el café sobre sus planos casi conclusos. Entumecido por el insomnio de semanas, ni siquiera intentó rescatarlos; colocó la taza vacía sobre el escritorio y se fue a la cama. No lo asaltó la incertidumbre. Y es que Yuriy ni siquiera recuerda la sensación de encontrarse preocupado; no la ha tenido desde que tomó la decisión de detener el pasado. Reduciéndolo siempre a un objeto, jamás permitiéndole convertirse en persona. Yuriy no padece de tristeza ni de tiempo. No desde que le quedó claro que una vez logrado su objetivo, nada más podrá volver a salir mal.

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