Caramel

Where is the magic?
I’ve gotta get better
Oh lord, give me magic
I’ll love you forever

– Blur

No se puede romper a quien ya está roto. A quien está roto desde hace años. Pero es de esperarse que los fragmentos de ese “quien” sean potencialmente dañables, y en algunos casos; en su caso, dañinos.

– ¡Fue mi culpa! Yo fui el que rompió tu burbuja, perdóname.

– ¿Por qué lo hiciste?

– Quería salvarte.

Son dañinos cuando al sufrimiento mismo le resulta insoportable habitar más a quien le padece, lo invade entonces la desesperación y en la pérdida de la cordura, olvida que tiene límites. Es cuando decide desbordarse y se aleja sin mirar atrás, marchándose para nunca volver a ser visto.

– ¿Me perdonas?

– ¿No lo hago siempre?

Son dañables cuando se pierde la resignación de que las cosas empeorarán con el tiempo. Y es que aunque hablar de resignación sea hablar de un espíritu entumecido, al menos también se habla de un espíritu a salvo. Sin embargo habrá siempre refugios que no dañarán nunca y sanarán siempre; como la música, como los libros, como el frío, como la lluvia, como los brazos de mamá cuando ofrecen paz, como la risa de papá cuando es feliz, como la compañía de quien siempre estaba cuando vivía.

– Te odio porque no estás aquí.

Si esa resignación es desplazada por la esperanza, lo que sigue puede calificarse sólo de impredecible: ser lo mejor o lo peor, el bien o el mal, el cielo o el infierno (whatever and wherever the fuck those places are); porque llega algo por lo que vale la pena salir del refugio, exponerse, y subir y subir y subir y subir sin pensar en que sería buena idea dirigir la mirada hacia abajo; e idealizar, y desear, y anhelar, y amar, y querer tanto y tantas cosas, querer hacerlo todo bien, querer cambiarlo todo, querer tenerlo todo para brindarlo al objeto de inspiración, a la persona más bonita del mundo; aunque darlo todo sea un irremediable perder. Vivir para siempre en cifras negativas por haber desafiado a la lógica y dar también aquello que no se tiene; sin pensar, sin temer, porque con la resignación se va el miedo, y con el miedo se va la protección, y sin la protección…

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