Licht

Si no quieres seguir ¿por qué te tienen que forzar?

– Fátima Pimentel

En su nombre llevó luz. Luz como la que atraviesa las nubes para acariciar a las hojas de los árboles, jugando con ellas y con el viento, dibujando peculiares formas que se plasman en el inerte asfalto. Inerte, ella es tan inerte como el mismo ¿es, está, estuvo? ¿lo ha sido o estado siempre? ¿quién la convirtió en aquello que no pudo reconocer en toda su vida y que ahora la reduce a ser nada?

En su nombre llevó una luz, y es como si ese mismo nombre la hubiera despojado de la luz que nunca llegó a salvarla. Luz, como la que ahora se refleja en las lágrimas de quienes la amaron, en esos ojos llenos de dolor y de preguntas, y que al mismo tiempo están vacíos, perdidos para no ser encontrados.

Su nombre fue Luz, como aquella que dejó de buscar en esa tarde cálida, cuando le ganó el cansancio.

Perdón, mujer de ojos tristes.

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